Hacienda podría considerar los préstamos familiares como donaciones. Descubre cómo evitarlo.

Es evidente que, atendiendo a varios criterios, la Agencia Tributaria podría considerar ciertos préstamos de dinero como donaciones encubiertas. No obstante, ejecutados correctamente, estos préstamos no deberían suponer ningún problema fiscal de cara a Hacienda.

El criterio principal es, como se desprende de la propia definición del préstamo, el retorno de lo prestado al prestamista.

Esto se vio reflejado en una consulta efectuada a la Dirección General de Tributos, en relación a una consulta vinculante a la firma de un préstamo sin intereses entre familiares, expresando dicho órgano que el mero hecho de la existencia de un vínculo familiar entre las partes no implica sin más la existencia de una donación encubierta.

Por tanto, no hay en principio ningún problema en que un contrato entre familiares se firme a título gratuito, es decir, sin intereses. Eso si, debe hacerse constar la gratuidad de dicho préstamo, pues de lo contrario Hacienda podría suponer que el préstamo se ha constituido con algún tipo de interés.

Además, como en prácticamente cualquier operación de este tipo, conviene firmar un contrato y dejar por escrito la operación para que conste ante la AEAT, si bien es cierto que no es necesario elevar dicho contrato a escritura pública.

De no efectuar dicho contrato, la Administración podría investigar y exigir a las partes que probasen la procedencia del dinero y los cauces de devolución del mismo para descartar una posible donación.

Además, documentar la deuda no solo nos evitará problemas con la Hacienda pública, sino que nos servirá para reclamarla en un futuro si hubiese un impago o un conflicto con el prestatario o para traspasársela a un heredero en el caso de que alguno de los intervinientes falleciese.

Otro de los puntos en los que la Agencia Tributaria fija su atención es lo que respecta al plazo de devolución, que debe ser, ante todo, realista. Los contratos a perpetuidad o cuya duración sea exageradamente dilatada, sobre todo si se compara con la esperanza de vida de los intervinientes, podrían ser señalados por Hacienda.

En el contrato debería indicarse la periodicidad de las cuotas (mensuales, trimestrales, semestrales…), el importe de cada pago, etc. Además, debería anotarse si existe la posibilidad de liquidar anticipadamente el préstamo, si tiene comisiones o quién se hace cargo de los costes asociados, y qué medio se utilizará para satisfacer la deuda.

Vale la pena incluir cualquier cláusula que consideremos necesaria para curarnos en salud, por ejemplo, la posibilidad de pactar una prórroga si llegado el vencimiento la deuda no ha sido saldada en su totalidad o qué ocurre en caso de incurrir en un impago.

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